Alimentación y cambio climático

Alimentación y cambio climático

El actual sistema de alimentación que caracteriza principalmente al mundo occidental, basado en un aumento de cadáveres de animales no humanos, especialmente de las denominadas “carnes rojas”, ha sido una de las variables más influyentes en el cambio climático y sus consecuencias.

Un reciente estudio desarrollado por el programa del futuro de los alimentos, de la Universidad de Oxford, demostró que el tipo de alimentación occidental es responsable de la generación del 25% de los gases que elicitan el efecto invernadero. El alto consumo está provocando que nuevas áreas sean abiertas, convirtiendo bosques en cultivos estacionales además del notable aumento de individuos destinados a ser asesinados para el consumo de animales humanos, los cuales producen miles de toneladas de metano por día.

El mismo estudio revela que además las consecuencias para la salud, son representadas en alrededor del 60% de las muertes, producto básicamente de las enfermedades vasculares, obesidad, diabetes tipo 2 y cáncer, que constituyen los sindromes crónicos más representativos del consumo de cadáveres de animales no humanos y productos lácteos.

La investigación sugiere que si la comunidad global se orientara hacia el consumo de alimentos naturales, particularmente dietas vegetarianas y con mayor incidencia en veganas, reduciendo el consumo de “carnes rojas” en porcentajes del 24 al 35% , además de un aumento del consumo de frutas y vegetales, especialmente verdes, se salvaría unos 129.000.000 de animales humanos por año.

En cuanto a las emisiones de gas invernadero, las cifras mencionadas estarían en condiciones de reducir las emisiones en un 29% para el año 2050, alcanzando valores significativamente inferiores a las que se midieron para los años 2005 – 2007, lo que sin duda sería un gran alivio para la reducción de la temperatura promedio mundial, cuyo significativo aumento está produciendo los catastróficos cambios que la tierra está sufriendo.

Actualmente se están desarrollando una serie de proyectos orientados en la perspectiva de reducir la emisión de gases y consecuentemente a intentar reducir el aumento de la temperatura. El cambio hacia dietas vegetarianas o incluso veganas son sin duda una inteligente y racional manera de apoyar al entorno, reducir la mortalidad en valores superiores al 10% y reducir notablemente los gastos del estado en costosos sistemas de salud.

La alimentación debe igualmente ser extensiva a los animales no humanos dependientes como son los de granja y urbanos, los cuales son alimentados con millones de toneladas de alimentos extruídos obtenidos a partir de la destrucción de la vida de los océanos y la sobreexplotación para la producción de maíz y soya principalmente, las principales “fuente de proteínas” con que se producen los alimentos comerciales.

El veganismo en consecuencia, más allá de su visión ética, se constituye en una de las soluciones viables para evitar el colapso del planeta. El mundo así debe considerarlo.

Springmann, et al (2016). Analysis and valuation of the health and climate change cobenefits of dietary change. PNAS, vol 113, N.º 15, pp 4146 – 4151.

 

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