¿Son los zoológicos moralmente defendibles?

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Aunque es una publicación que ya tiene unos años, mantiene real vigencia acerca de un tema que, mucho más temprano que tarde, debe encontrar una solución : el fin de los zoológicos y la pronta implementación de espacios donde los animales no humanos puedan desarrollar su vida en libertad, asociándose al entorno como lo hicieron sus ancestros.

El artículo del mismo nombre del para muchos el mayor representante en la investigación de los derechos de los animales humanos, Tom Regan, es una discusión acerca de tres tendencias dentro de la teoría de la ética, el utilitarismo, los derechos de los animales no humanos (rights view) y el holismo, en torno al planteamiento de su trabajo. ¿Son los zoológicos moralmente defendibles? El artículo forma parte de la publicación, Norton, B. et al eds. (1995) Ethics on the Ark: Zoos, Animal Welfare and Wildlife Conservation. Washington, Smithsonian Institute Press.

A su juicio tanto el utilitarismo como el holismo pueden ser consideradas teorías que, en principio, defienden la existencia de los zoológicos, mientras que la de los derechos de los no humanos presenta sólidos argumentos que van en contra de su aceptación moral, como la conocemos hasta ahora, admitiendo que a pesar de todo, es preciso seguir afinando el marco teórico sobre esta cuestión.

De las tres tendencias Regan se declara abiertamente partidario de lo que el denomina the rights view y no comparte la posición de las otras dos. Aún así, el artículo está planteado desde la perspectiva de un observador neutral.

Utilitarismo

No sólo para los efectos de su proposición, sino además por una cuestión de conocimiento general, es importante dar énfasis acerca de al menos el utilitarismo, posición que ha tomado fuerza, especialmente en el mundo animalista, en los últimos años, lo que indudablemente acarrea un enorme retraso en la natural evolución que debiera tener la causa del apoyo hacia la igualdad de derechos de humanos y no humanos.

Los tiempos han cambiado, indica Regan, el tiempo en el que los filósofos tenían muy poco que decir acerca de los animales no humanos, “aquellos de los autómatas” de Descartes, donde según él, los ANH eran considerados “stick and stones”, los planteamientos kantianos y de Aquinas, que enriquecieron la cultura antropocéntrica occidental, así como la visión teísta que exacerba los intereses del hombre como el centro del universo y que llamó poderosamente la atención de Freud, que la calificó como “la visión infantil del mundo”, hoy se encuentra en proceso de cambio, aún cuando esos cambios están francamente distantes del respeto a los derechos de los animales no humanos.

El utilitarismo, a pesar que se califica opuesto al antropocentrismo, su planteamiento central proveniente de Jeremy Bentham considera a los animales no humanos como seres que perciben y sienten el dolor, aunque no tienen la capacidad de asociarlos a otras emociones, las cuales carecen y en consecuencia, lo importante es proveerle las condiciones para que sufran el menor dolor probable (entendiendo la diferencia entre probable y posible).

En esta perspectiva, filósofos como Peter Singer, consideran que los humanos no tienen la obligación (moral) de tratar a los “otros animales” en forma equitativa, sino que la principal perspectiva debe ser la de considerar otros intereses. En el caso de los zoológicos las variables entrantes serían el importante número de humanos que trabajan en estos campos de concentración, los que los visitan, los que tienen y trabajan en otras actividades rentables dentro de estos lugares, los ingresos por impuestos que recibe el estado y aunque no lo menciona explícitamente la gran masa de comerciantes de animales no humanos, que en definitiva abastecen el mercado de zoológicos.

Estas y otras razones que expresa a lo largo del texto, llevan a Regan a sugerir que en definitiva no podemos saber, si desde el utilitarismo podríamos afirmar si los zoológicos son moralmente defendibles, hecho que a nuestro juicio también puede ser extensivo a la gestión de diversos movimientos animalistas.

Holismo

El holismo, no cambia significativamente el panorama, desde su perspectiva, según Regan, desde esta visión no hay nada de criticable en mantener a los animales no humanos en permanente confinamiento si con ello la comunidad se ve favorecida. Los holistas, según Regan, aplauden la función de los zoológicos que mantienen especies en cautiverio, especialmente aquellas que se encuentran amenazadas, aún cuando sus intereses no están por la preservación de la vida sino a la demostración que los humanos se encuentran en otra categoría moral de los animales no humanos. Somos parte de diferentes biotic team y ninguna especie de animales no humanos tiene una importancia (o relevancia) mayor que otras, lo que interesa es mantener el equilibrio ecológico, aún cuando esas consideraciones no son aplicables a las comunidades humanas, visión que ha sido aplaudida por diversas corrientes ecológicas que no tienen inconveniente en permitir el asesinato selectivo de individuos con el propósito de “mantener los equilibrios” y del “manejo sustentable de recursos”, concepto utilizado para referirse a los animales no humanos como “recursos”, degradando su condición de seres emocionales, neuroafectivos, empáticos, con semejante interés por la vida que los humanos, a la simple categoría de “recurso”, apto para alimentar a animales no humanos. Si hay algo de ética en este planteamiento, habría que ser extraordinariamente perceptivo para encontrarlo.

Rights view

Contrario sensu a ambas posiciones, el rights view tiene como consideración de base que todos los seres vivos poseen una serie de necesidades biológicas, sicológicas, sociales y emocionales que son vitales para su vida en libertad y en un entorno donde puedan expresarse de acuerdo a los requerimientos que felizmente tuvieron sus ancestros. La satisfacción de sus necesidades, dice Regan, se constituyen en la fuente del placer, mientras que su frustración o abuso, la fuente del dolor. Los animales no humanos aprecian la vida tanto o más que los animales humanos y en consecuencia, nuestra relación debe ser sobre la base de los mismos principios morales que ostentan los humanos.

Esta posición necesariamente se manifiesta de forma diferente a los principios utilitaristas, frente a la cuestión del artículo. En los zoológicos, la cuestión central, la libertad, es permanentemente violada, quizás en distintos niveles, pero eso no hace la diferencia. El autoasignado rol de los zoológicos de ser centros de educación y recreación son absolutamente irrelevantes o que los huéspedes sean “útiles” para el desarrollo de la investigación o para la generación de un stock genético. El fondo del asunto es la privación de sus formas naturales de vida, algo que los humanos consideran vital en su especie.

Este escenario, señala Regan, la respuesta no presenta ninguna sorpresa, los zoológicos no son moralmente defendibles, posición que compartimos sin duda alguna.

Los zoológicos como instituciones no tienen otro destino más que desaparecer y nuestra tarea es proponer y crear a la mayor brevedad nuevas opciones que permitan a los animales no humanos recuperar sus ancestrales formas de vida en entornos protegidos y libres del acoso de los animales humanos. Dadas las condiciones actuales, los santuarios se presentan como la opción viable, debido principalmente que para la mayoría de las especies prisioneras, la vuelta a su entorno ya no aparece como una solución viable, por una cuestión muy simple: la mayor parte de los espacios silvestres del mundo ha sido destruido por la acción antrópica derivada del antropocentrismo.

 

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